La noche que llegó “El Songo” a Medellín: Los Van Van


El hallazgo de Los Van Van –y en general de la música cubana tras la revolución de 1959- para el público de Medellín se produjo poco a poco, de la mano de estudiantes e intelectuales de izquierda, más por el amor por la música y la admiración por el proyecto político en la isla, que por las razones del mercado que han traído otras modas y otros consumos, efímeros, mediocres y desechables. La música de Juan Formell llegó despacio, pero llegó para quedarse.

Las primeras grabaciones de Los Van Van llegaron a Medellín a mediados de la década de los 70 del siglo pasado por vías no comerciales, los protagonistas fueron los teatreros, intelectuales, profesores universitarios y sindicalistas que viajaban a La Habana en intercambios culturales o por conocer, de propia vista, el proceso político de la isla y regresaban cargados de música, y entre los discos y casetes se colaron Los Van Van, que ya sonaban por todos los rincones de la isla bloqueada.

Pero esas grabaciones se quedaron en reuniones familiares y en intercambios entre amigos –compañeros, diríamos ahora-, hasta que llegó la primera invasión vanvanera durante los XIII Juegos Centroamericanos y del Caribe, que se realizaron en junio de 1978.

Los deportistas cubanos, además de salir vencedores en las justas, fueron un motivo de intercambio cultural, en sus maletas llegaron discos de agrupaciones novedosas en la ciudad como Los Van Van, Irakere y Ritmo Oriental. Con ellos supimos, además, que la Orquesta Aragón y Celina González estaban vigentes y grabando, que existía un nuevo movimiento socio-político-musical llamado Nueva Trova que tenía como protagonistas a un Pablo Milanés, a un Silvio Rodríguez, a una Sara González. Algunas de esas grabaciones sonaron en la radio, pero Medellín no las entendió, la onda salsera neoyorquina prevalecía -y prevalece- y el songo se quedó engavetado.

La música cubana tuvo que hacer un viaje aún más largo: llegó con los estudiantes que habían construido su proyecto de vida en las universidades del desaparecido «campo socialista» de Europa Oriental: venía con los graduandos de Moscú y Kiev. Venían en discos de larga duración etiquetados en ruso.

Para comienzos de la siguiente década, con los discos de contrabando que llegaron de Venezuela, aparecieron los primeros éxitos vanvaneros en la ciudad: Sandunguera, El baile del buey cansao, La Habana no aguanta más, Anda, ven y muévete y Eso que anda. Aun así la radio se resistía a programarlos habitualmente. Estudiantes universitarios que frecuentaban los bares de salsa de la calle La Paz entre Carabobo y Bolívar, entre ellos El Oro de Munich, La Bahía –de Humberto Freddy Gómez-, y unas cuadras más al norte, La Titular, de William Gutiérrez, llevaban grabaciones en casete para que sonaran en estos centros de hedonismo y sabrosura.

Cuando la salsa buscó otros espacios en la calle San Juan con la apertura de Convergencia, del profesor Edgar Arroyo, en 1987, entre la programación habitual de salsa clásica, nueva trova cubana y otros sonidos del gran Caribe como el reggae, el kompa direct y la soca, Los Van Van ahora sí empezaron a encontrar su espacio. Por esas calendas, la estación radial Latina Estéreo comenzó tímidamente a programar sus éxitos, especialmente la gozosa Sandunguera.

El definitivo arraigo vanvanero se produjo en Rumbantana, en la calle San Juan, fundada en 1995, cuando comenzaron a programar noche tras noche y con discos traídos directamente de La Habana los grandes éxitos de Juan Formell y sus muchachos. La rumba se volvió eterna e imparable con Aquí el que baila gana, Que sorpresa, Te pone la cabeza mala, Se acabó el querer, Normal Natural, Deja la ira, De igual a igual, Permiso que llego Van Van, Disco Azúcar, Que le den candela, Soy todo… 

Además, una noche en el año 2001 programaron seis horas seguidas de Los Van Van en las inolvidables audiciones de los jueves. Medellín ahora sí podía ingresar en las grandes ligas vanvaneras y sólo quedaba vivir la experiencia en vivo de Los Van Van de Cuba…

Van Van is here 

Durante varios años, uno de los más apasionados de Los Van Van en la ciudad, el periodista Juan Fernando Trujillo, El Flako, intentó convencer a los empresarios del espectáculo para que trajeran a los cubanos de nuevo sonido. No hubo interés, los temores estaban en que eran pocos conocidos y que su música poco sonaba en la radio comercial. Finalmente, el empresario Óscar Castañeda, de la Corporación Medellín de Jazz, arriesgó y se comprometió en semejante proyecto y se iniciaron los contactos para traerlos.



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Y llegó la hora… la noche de magia, pero persistía la incredulidad, las preguntas corrían por las calles: ¿vienen Los Van Van? ¿Será posible? La radio se unió al regocijo y programaron más grabaciones de lo habitual. La prensa abrió sus páginas y anunciaron la presencia de un sonido novedoso de bajo y percusión llamado songo que llegaba de Cuba.

La fecha no se olvidará nunca: 1 de noviembre de 2007, en el escenario del Teatro Metropolitano. Estaban programados para las 8 pm, pero con los retrasos tan habituales en nuestro medio empezaron 40 minutos después y nadie dijo nada. Se abrieron por fin los telones y arrancó el songo, Juan Formell, Mayito Rivera, Yenisel Valdés, El Lele, Robertón Hernández y los éxitos de siempre y los de su trabajo más reciente de ese entonces: Chapeando, Anda, ven y quiéreme y Ven, ven, ven. Y los casi 1500 espectadores quedaron extasiados después de casi 2 horas de exorcismo vanvanero.

Esa noche cubana fue una apuesta a la aceptación de los nuevos sonidos provenientes de la isla, a los que algunos mal llaman salsa cubana y otros, tal vez más respetuosos de los particulares ritmos cubanos, discriminan entre songo y timba. Pese a tratarse de géneros que no se encuentran en la programación de las emisoras que difunden salsa, pese a conocerse relativamente poco el extenso trabajo de Formell y sus Van Van, pese a no ser en un escenario apto para el baile, pese al pésimo sonido contratado para la actuación, a la gente le gustó la propuesta rítmica y melódica que, como la audiencia entrenada ha crecido notablemente, ahora los problemas técnicos sí puede determinar el éxito de una presentación.

Al final del concierto, Juan Formell en los camerinos se dirigió a su trombonista estelar, Hugo Morejón, y le dijo excitado: «anótalo, tenemos más vanvaneros en el corazón para llevar a Cuba».

Los regresos

Cuando pasó el éxtasis, cuando las revoluciones y evoluciones sonoras de Los Van Van se calmaron en las almas de los paisas, regresaron para una presentación en un espacio más abierto pero con otras deficiencias de sonido que no han podido superar con el paso de los años, la Plaza de Toros La Macarena -ahora llamada Centro de Eventos La Macarena-. Era el 9 de octubre de 2009 y alternaron con el Grupo Niche. Pero la asistencia no fue buena como esperaban los empresarios, aun así entregaron el alma en tarima por un motivo inmenso: celebraban 40 años alegrando corazones.

Fresca está la visita de Los Van Van a Medellín: fue el 2 de julio de 2010 para el cierre del III Congreso Iberoamericano de Cultura, evento masivo y gratuito en la Plaza Carabobo Norte, a un costado de la Universidad de Antioquia y al frente del Jardín Botánico. Compartieron tarima con el dominicano Víctor Víctor, la peruana Susana Baca, el varias veces rey del vallenato Alfredo Gutiérrez y la cuota del latin jazz local con Siguarajazz. Seguramente la mejor presentación en nuestros predios porque el sonido estuvo impecable, el público de todos los rincones de la ciudad estaba presente y los cubanos se entregaron por más de dos horas de songo, goce, virtuosismo y nuevas sonoridades.

Gracias Formell

El 1 de mayo de 2014, se fue Formell después de no superar las dolencias que lo aquejaban de tiempo atrás. Los Van Van seguirán abriendo brechas a las sutilezas del encierro. Sus grabaciones ya son fáciles de conseguir, se descargan del Internet al día siguiente de su publicación. Seguramente vendrán nuevas voces, nuevas tendencias sonoras y en Medellín seguiremos a la expectativa vanvanera.

La música de Los Van Van llegó a Medellín para confirmar un desmentido: que el son se había ido de Cuba. No solo no se había ido, sino que se había enriquecido, el alma del baile estaba intacta y ahora se dirigía a las nuevas generaciones, en la isla y en el resto de América Latina a través de la música alegre, dicharachera y desenfadada (pero también inquietante y crítica) del grupo que encabezara Formell. Salseros, soneros, songueros, timberos y vanvaneros convivimos en el mismo éter sonoro. Aquí el que baila ¡Gana!

Textos: Sergio Santana Archbold (Escritor e Investigador / Música afroantillana)
Edición y Fotografías: Gabriel González (Director www.salsaconestilo.com)
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