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viernes, mayo 17, 2024

Las Sonoras en Colombia

La acogida de la Sonora Matancera en Colombia a partir de la década del cincuenta del siglo pasado tiene visos de magia desde que comenzaron a sonar en las victrolas de cantinas y estaderos y en las emisoras con programación popular. Desde 1955, se tiene referencia de los primeros programas radiales especializados con la música de la Sonora Matancera y que aún en nuestros días siguen conmoviendo el dial en tiempos de emisoras virtuales. Las disqueras nacionales, comenzando por Discos Tropical y Discos Fuentes, publicaron sus grabaciones y aumentaron su acogida. Estas disqueras, a raíz del éxito comercial de las grabaciones de los sellos Panart y Seeco, motivaron la creación de agrupaciones a las que llamaron “sonoras” para seguir el sendero trazado por los matanceros, y el público colombiano respondió y empezaron a proliferar. Este es un breve recuento de estas agrupaciones que, bajo una descripción más extensa de cada una y sus singularidades, puede constituir un libro de muchas páginas y anécdotas.

Existieron agrupaciones del formato Sonora en prácticamente todos los países latinoamericanos. Para destacar en México la Sonora Santanera, la Mexicana de Romulo Morán y Veracruz de Pepe Vallejo y de Toño Barcelata, con las que grabaron Daniel Santos, Bienvenido Granda y Celio González; y Melón y su Sonora, entre otros. La Sonora Boricua y la Sonora Moderna, ambas de Daniel Santos, en Puerto Rico, junto a la Sonora Ponceña en sus primeros años de guarachas y boleros. En Venezuela, la Sonora Caracas con las que grabó Daniel Santos, Bienvenido Granda, Nelson Pinedo, Celia Cruz, Alberto Beltrán y Víctor Piñero, la Sonora Venezuela, la Sonora Maracaibo y Coco y su Sabor Matancero, entre otros. En Perú, la Sonora de Lucho Macedo, con quien grabó Daniel Santos, Carlos Argentino, Nelson Pinedo, Miguelito Valdés y Leo Marini; la Sonora MAGtancera y las sonoras de Nelson Ferreyra, Ñiko Estrada, Betico Salas y Alfredo Linares. Y por último tenemos a las que surgieron durante el fenómeno salsero: la Sonora Borinquen con Ray Hernández, Mike Hernández y su Sonora Casino, Sonora New Yorkca con Jesús Nolasco, Sonora Miami de Juan Vicente Zambrano, las sonoras de Ray Ramos y Javier Vásquez. En Chicago la Sonora Tropical del cantante Harry Vera…

La magia de la Sonora Matancera estaba en la excelente promoción de su sello disquero Seeco, la lucidez comercial y el rigor de su director Rogelio Martínez, la variedad de cantantes –especialmente de los diversos países latinoamericanos–, el selecto repertorio, las giras y la excesiva cantidad de grabaciones, especialmente de guarachas y boleros, que culminaron en la proliferación de agrupaciones, o mejor conjuntos, tipo “sonora”, que al igual que la original matancera, muchas veces se montaban con dos trompetas –Calixto Leicea y Pedro Knight– tocando al unísono en los registros altos del pentagrama, un piano muchas veces percutivo con un tumbao de son constante –Lino Frías–, un bajo sin mucho recurso armónico –Pablo Vásquez “Bubú” –; un timbal de repicar característico de tamaño más pequeño que la paila de los conjuntos, llamado timbalito –José Rosario Chávez “Manteca”– y una tumbadora –Ángel Alfonso Furias “Yiyo”–, como únicos elementos de percusión. El vocalista de turno y los coros asopranados de Rogelio y Carlos Manuel Díaz “Caíto”.

El llamado conjunto cubano, primero fue concebido por el genial tresero ciego Arsenio Rodríguez a comienzos de la década de los años cuarenta, cuando al tradicional septeto de son incorporó una o dos trompetas adicionales, el piano, la tumbadora y los elementos armónicos que distinguieron a los conjuntos, destacando los contrapunteos de metales, conocido como mambo.

En 1944 fue cuando la Sonora estableció su conformación definitiva, dejando atrás las guitarras de sus primeros años como tuna y estudiantina. La idea era adaptar a su nómina hasta el momento –trompeta, bajo, tumbadora, timbal o paila criolla, coro y vocalista principal-, las variantes que había impuesto Arsenio Rodríguez. El formato de dos trompetas de la Sonora fue más flexible y atractivo, y hasta más comercial que el de Arsenio, y a ello se debió su acogida durante estos años.

La Matancera también tuvo el tres desde sus primeros días con Valentín Cané, y luego con su hijo Humberto, pero tras la salida de este en 1944 para marcharse a México, el instrumento no encontró reemplazo y la Matancera afincó su sonido al de los septetos, pero también distinto al de los conjuntos.

Estos nuevos rasgos le dieron un sello propio a la Sonora Matancera, que debe su acoplamiento al arreglista Severino Ramos. Así redefinieron su imagen musical y a la larga constituyeron buena parte de su triunfo, que llevó a la proliferación de sonoras con la ambición común de tocar igual a la Matancera y alcanzar sus logros musicales y económicos.

Tras la acogida que logró la Matancera, con las grabaciones de Bienvenido Granda a partir de 1944, y especialmente de Daniel Santos a partir de 1948, Colombia se convirtió en el país de las sonoras, quizás porque aquí fue donde alcanzó sus mayores éxitos y donde existe el mayor fanatismo por la música de los originales matanceros.

La Sonora Matancera llegó por primera vez a Colombia en febrero de 1955 a los carnavales de Barranquilla, con Celia Cruz y Alberto Beltrán, traídos por el empresario Roberto Esper para unas presentaciones en la Cadena Radial del Caribe, en el estadio Tomás Suri Salcedo y en el club nocturno Chop Suey. Siguieron de gira para Medellín, Bogotá y Cali. Antes estuvo en 1953 Daniel Santos, el más representativo de los cantantes de la Sonora en esos años, y luego Celia Cruz en octubre de 1954. Con el éxito de sus grabaciones y presentaciones la Sonora regresó en incontables ocasiones, muchas veces con sus estrellas más representativas a solicitud de los empresarios, y otras veces estos como solistas acompañados de sonoras locales o agrupaciones armadas para la ocasión…. Recordarlos como cantantes de la Matancera ya era carta de presentación.

La primera sonora de la que se tiene referencia en Colombia, es la Sonora del Caribe, fundada en Barranquilla en 1951, de la mano de César Pompeyo, y en su momento de mayor fama acompañó a Daniel Santos –con ellos grabó, entre otros, el exitoso El 5 y 6– y a Celio González.

Luego apareció la Sonora Pelayera, fundada por Pedro Laza en Cartagena en 1952, como homenaje a la población de San Pelayo, cuna del porro, y que más adelante y luego de unas pocas grabaciones, bajo la dirección de Antonio Fuentes, pasó a llamarse Pedro Laza y sus Pelayeros. Otra de las pioneras fue la Sonora Tropical, de Discos Tropical de Barranquilla, dirigida por Juancho Esquivel –también conocida como Los Rítmicos-, que grabó con Bienvenido Granda entre julio y agosto de 1955, luego de su salida de la Matancera.

De la misma época son la Sonora Silver y la Sonora Antillana, de Medellín, dirigidas por Lucho Bermúdez y Edmundo Arias, respectivamente. Con ambas sonoras realizó grabaciones Bienvenido Granda entre agosto y noviembre de 1955.

Edmundo Arias tuvo luego otra agrupación de tres trompetas conocida como la Sonora Cabecenido –uno de los motes del músico vallecaucano– y que llegó a tener ¡15 integrantes! Medellín también tuvo en 1961, la Sonora Colombiana, de Ricaurte Arias, hermano de Edmundo, y quien tuvo a Raúl López en una producción.

Otra que organizó Discos Fuentes en Medellín fue la Sonora Malecón Club, idea de su propietario Toño Fuentes para continuar con la misma que formó en Nueva York, para acompañar a Daniel Santos y a Alberto Granados. En 1959 aparecieron en Discos Fuentes las primeras grabaciones de la Sonora Cordobesa de Montería, de Simón Mendoza, con Crescencio Camacho como cantante, que comenzó en 1953 con el nombre de Orquesta Radio Cordobesa, la emisora por excelencia de Montería –en realidad, era una orquesta de saxofones que quiso aprovechar el cuarto de hora de las sonoras–.

Al año siguiente, 1960, Discos Fuentes salió con la explosiva Sonora Dinamita, dirigida por Lalo Orozco, con un repertorio de guarachas, que dirigió después el cantante Lucho Argaín con identidad cumbiera, y que luego de múltiples transformaciones, cambios, denuncias y conformaciones permanece en México.

En 1992 Lucho Argaín también organizó para Discos Fuentes la Sonora Barulera, que nada tenía que ver con otra sonora de nombre similar, la Sonora de Barú, formada en 1989 por Lisandro Meza como una evocación a la isla localizada al frente de Cartagena. La casa disquera de los Fuentes también tuvo la Sonora Marinera, con la que grabaron Daniel Santos y Tito Cortés en la década de los sesenta, y la Sonora Costeña.

Discos Curro presentó a la Sonora Curro, de José María Curro Fuentes. Discos Victoria también tuvo su Sonora Victoria y la Sonora Costamar con Edison Andosilla. Codiscos organizó la Sonora del Palmar para grabar un disco de larga duración de boleros con Leo Marini.

En Codiscos también grabó la Sonora Caribeña dirigida por Edilberto Guerra. Existieron en Medellín la Sonora de Julio García, con la vocalista Teresita Rendón; y la Sonora Tropicana de Fabio Páramo, ambos pianistas y organistas. Carlos Argentino grabó en Medellín un sencillo acompañado por Rubén Granata y su Sonora.

Parece que Discos Fuentes es la empresa de las Sonoras: en 1956 lanzó un sencillo de una nueva agrupación llamada la Sonora Vallenata, idea de Toño fuentes, que sólo grabó el rock and roll tropical Very very well, en la voz de Carlos Román. La agrupación luego se conocería como Carlos Román y su Sonora Vallenata, al salir de Fuentes como la Supersonora Vallenata y más adelante como la Sonora Suprema. En la década de los sesenta tuvo a Roberto de La Barrera y su Sonora, una de las primeras agrupaciones colombianas que clasificó sus grabaciones como salsa.

En 1980 Fuentes organizó la Sonora Guantanamera, en 1989 debutó el cantautor Lucho Lambis con la Sonora Malecón. En 1995 y por iniciativa del productor Mario Rincón, Discos Fuentes presentó a la Sonora Carruseles, de gran impacto en los Estados Unidos por sus versiones de clásicos de la salsa, con el aporte de Diego Galé. Luego grabó con Discos Fuentes una agrupación bautizada por los propietarios de la disquera con el poco creativo nombre de Nueva Sonora Matancera, dirigida por el cubano residenciado en Cali Germán Lázaro Rodríguez y que antes era conocida como La Chola Zenide y su Sonora Cubana. En 2003 en la misma disquera apareció la Sonora Zozaya, de la vocalista cubana Raquel Zozaya, residenciada en Medellín, y en 2008 la Sonora Palma Soriano de Mario Rincón.

También en la década del cincuenta, y en Cali, se fundó la Sonora Cali de Tito Cortés –nombre que le puso Daniel Santos a la agrupación cuando lo acompañó en unas presentaciones y grabaciones–. El cantante tumaqueño también tuvo otra agrupación llamada Sonora Juventud, que antes se llamó la Cali Boys, y cuyos integrantes se ganaron ante el público vallecaucano el sobrenombre de la Cali mariguana boys y nadie se molestó, y también acompañó a Daniel Santos en grabaciones. La agrupación terminó llamándose el Conjunto Calima. En Cali, Emiro A. Caicedo dirigió la Sonora Ferreira que grabó dos álbumes antes de disolverse en 1959.

En la década de los ochenta se conformó la Sonora Caleña con repertorio de la original cubana. En Manizales en los años sesenta, se dieron a conocer la Sonora Sensación, la Sonora Juventud y la Sonora Universitaria, constituidas por universitarios –en este último su estructura musical estaba fundamentada en el piano, el acordeón y el saxofón–. En 1955 en Bogotá se organizó la Sonora Voz de Colombia. En Barranquilla también hubo otra Sonora Juventud en los años setenta. Otras de Barranquilla fueron la Sonora Sensación, que se formó a finales de la década de los cincuenta y donde fue pianista un juvenil Alci Acosta, la Sonora Chop Suey de Adaulfo Moncada, de planta en un restaurante homónimo, la Sonora de Lucho Better con Jorge El Conde Araque, y la Sonora Camagüey de Luis Tovio.

Citemos a otras que grabaron de las cuales no tenemos mucha información: la Sonora Tropicana, la Sonora Maravilla, la Sonora Cienaguera, René Ortiz y su Sonora con el cantante cubano Nelson Navarro, Antonio María Peñaloza y su Sonora, donde Tito Cortés grabó Contigo y Tu olvido; la Sonora Moruna, la Sonora Crystal de Cali, la Sonora Vendaval, la Sonora Trópico de Medellín del compositor Álvaro Velásquez. Sin embargo, faltan muchas más que por igual tocaban géneros colombianos y afrocubanos.

Ni hablar de la imitación más contemporánea, surgida en Bogotá como estrategia comercial en 1996: Alquimia. Presentada como “La Sonora del siglo XXI” detrás de una promoción sin precedentes, terminó con una moda pasajera que resistió varios álbumes, entre ellos uno con Nelson Pinedo y Celio González como invitados, y que, con el mismo repertorio y sus efectos digitales, despertó en las temporadas decembrinas, la nostalgia por la original sonora de Matanzas.

En la actualidad se siguen organizando sonoras por toda la geografía nacional, algunas veces incorporando el repertorio tradicional, otras veces con cumbias. En Bogotá entre otras están: Aché Sonora de los hermanos Óscar y Hernán Mejía y dirigido por Cristian Ortega; Sonorísima, del percusionista Germán Villareal, y Orlando y su Sonora. En Medellín la Sonora Habanera y la Sonora Colombia, ambas de Fernando Chica. En Cali la Sonora Trucupey. En Buenaventura la Sonora Buenaventura que grabó Son guajiro. En Ibagué tenemos a Orlando Rico y La Sonora.

Hay que resaltar que muchos conjuntos de dos trompetas no han querido nombrarse como “sonoras”, aunque utilizan el repertorio y el estilo de los matanceros, y numerarlos haría todavía más extenso este recorrido. Así como existen, y existieron, sonoras de hasta tres y cuatro trompetas, para darle más contundencia al sonido en tiempos de poca amplificación.

Mucho se podría discutir sobre la pertinencia, la importancia o la influencia que tuvo la Sonora Matancera en el desarrollo posterior de los ritmos afrocubanos y de la salsa. Sin embargo, y eso es lo que se quiere hacer ver, la relación entre la música del conjunto matancero y varias generaciones de melómanos, músicos, disqueras y empresarios de eventos colombianos, es de tal importancia que aún hoy, 100 años de su creación, todavía se escuchan estallar sus trompetas, ya no en grabaciones originales en discos de 78, 45 y 33 rpm, si no por gracia de la tecnología en avanzadas obras digitales y streaming. Sonoras, y Matancera, existirán por siempre…

Agradecimientos

Varios fueron los amigos en la geografía nacional que nos ayudaron en este listado. Debemos particular agradecimiento a Jaime Rodríguez, Omar Antonio Barrera y Quike Sánchez en Bogotá; Nelson García y Andrés Campo en Barranquilla, Luis Fernando Martínez en Cartagena; Jaime Delgado Cartagena en Yopal, Hugo Mejía en Medellín, Roberto Carlos Luján, Orlando Montenegro y Juan Gómez Paz en Cali; y desde España José Arteaga.

Texto by Sergio Santana Archbold

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